Cuando llega la jubilación, tiene lugar un viraje espectacular de la existencia y se desvanece una rutina que nos ha acompañado durante muchos años. El final de la vida laboral no tiene por qué suponer la desaparición de las ilusiones, de los sueños, de los proyectos, sino que, por el contrario, implica una oportunidad de oro para desarrollar todo aquello que ha sido imposible hasta ese momento, sobre todo, si la salud no supone un obstáculo.
La jubilación es una encrucijada importante en la vida, pero no siempre ni todos encuentran el camino correcto. Ante todo, resulta imprescindible mantener el espíritu abierto, sin resignarse al pasivo comportamiento propio de las generaciones anteriores, que accedían a la jubilación demasiado cansados y sin ánimo para enfrentarse a nuevas empresas vitales. Ha de considerarse esta nueva etapa desde una óptica emprendedora, que ni siquiera ha de limitarse al cultivo de actividades de ocio, por muy creativas y gratificantes que estas puedan llegar a ser. Así lo han entendido muchos jubilados europeos que, además de disfrutar del sol y de las playas alicantinas, han creado grupos de trabajo cuyo objetivo esencial consiste en la enseñanza de sus idiomas nativos, además de la divulgación de su cultura y costumbres. Agradecen de tal forma la buena acogida que se les ha dispensado y colaboran en la formación de tantos jóvenes que, muy probablemente, se vean tristemente forzados a la emigración para conseguir el puesto de trabajo que aquí se les niega y que de este modo adquieren un bagaje que les facilitará enormemente la integración en su nuevo destino.
Vivimos tiempos difíciles, con graves distorsiones sociales, que nos obligan a enfrentar la existencia con amplitud de miras. No siempre podremos evitar ni superar los grandes obstáculos que han de surgir. Pero, al menos, siempre es posible mirarlos de otro modo.
Publicado en El Periódico de Aragón, el 23 de marzo de 2012.
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