sábado, 31 de marzo de 2012

Las Cortes.
Cada mañana encuentro en mi buzón una buena cantidad de reclamos publicitarios que prometen con descaro mil y un caminos diferentes para encontrar la felicidad, a cambio de una modesta contribución al consumo; en ocasiones, enmascarada entre tanto impreso que no merece la pena revisar, aparece una carta, lo que es un auténtico regalo. Quizá la felicitación de un lector, que de alguna forma se ha hecho con mi dirección, o las gratificantes noticias de alguien de quien la distancia me separa. Hace unos días, la misiva fue portadora de una invitación firmada por José Ángel Biel para que participase, como cronista parlamentaria, en una sesión plenaria de las Cortes.

De la mano de Ana Teresa Vicente acudo al hemiciclo. Hay muchos asuntos a tratar en un extenso orden del día, que incluye cuestiones tan heterogéneas como la, entonces, próxima huelga general, el copago sanitario o el futuro de la industria turística aragonesa. Grandes y pequeños asuntos, cuyo denominador común reside en su incidencia sobre la vida de los ciudadanos. Observo un ambiente distendido, aunque en absoluto ajeno a un debate que en cualquier momento puede crisparse; sin embargo, echo de menos una mayor empatía y colaboración entre los miembros de grupos parlamentarios opuestos. Al margen de los razonables puntos de vista discordantes con que afrentar los desencuentros sociales y sus potenciales remedios, existe siempre un punto de partida afirmado en el consenso. En términos dialécticos, es más fácil derrotar al adversario que convencerle, pero sin un acuerdo mutuo no se alcanzan soluciones eficaces para los problemas. Tuve la ocasión de observar cómo Eva Almunia mostraba su preocupación por el colectivo de los más vulnerables y de cómo Luisa Fernanda Rudi se adhería a esa instancia, por encima de sus divergencias ideológicas. Tal es precisamente la imagen que a los ciudadanos nos gustaría contemplar.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 30 de marzo de 2012.

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