miércoles, 1 de febrero de 2012

Los lazos de la música.

La música es uno de los regalos más valiosos que la vida nos ofrece, especialmente apreciado en tiempos convulsos, cuando tanta necesidad existe de sosiego y paz; por eso preferimos despertar con una armonía de sonidos, antes que con la audición de un rosario interminable de noticias poco alentadoras. Por eso, también, amamos y respetamos el trabajo de los grandes divos, sobre todo el de aquellos más versados, que han derrochado miles de horas en su esfuerzo por brindarnos la excelencia.

Pero el artista es sensible por naturaleza, no vive ajeno al mundo que lo rodea, ni a los problemas cotidianos de la sociedad. Abundan los recitales benéficos y las actividades altruistas, así como todo tipo de iniciativas, en las que la música establece un lazo de solidaridad. Plácido Domingo ha creado una orquesta infantil, orientada a que los más pequeños encuentren en la música el placer de vivir y convivir sin ahogar sus más bellos sueños. Marina Rossell, cantautora catalana ha decidido acudir con sus canciones para paliar el dolor de su gran amigo y también magnífico intérprete Georges Moustaki, afectado por una enfermedad pulmonar que le impide cantar. A su vez, Georges se acercó antaño a la figura de otra popular diva, Édith Piaf, cuya azarosa trayectoria vital estuvo plagada de espectaculares triunfos y caídas. Georges, que escogió su nombre artístico en honor de su admirado Georges Brassens, a quien consideraba su maestro, mostró una gran empatía hacia Édith Piaf, tan desvalida en su vida afectiva como reconocida y popular en la canción francesa. Aliviar el dolor de nuestros semejantes constituye en sí una hermosa misión; hacerlo mediante la música eleva la experiencia artística al reino de las más excelsas virtudes humanas, que por derecho propio, siempre debieran prevalecer, tanto más en una época poseída por egocéntricos intereses materiales.

Publicado en El Periódico de Aragón el 27 de enero de 2012.

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