miércoles, 1 de febrero de 2012

En tiempo de crisis.

Afirman quienes poseen un talante emprendedor que en las crisis no hay que ver la cara del fracaso, sino que es preciso centrarse con optimismo en las oportunidades que pueden crearse. Seguramente, no les falta razón, porque es en los tiempos de infortunio cuando surgen más ideas y proyectos, algunos de los cuales sería impensable plantear en circunstancias más acomodaticias.

Una de las experiencias más sorprendentes que se han generado al calor del nuevo año está basada en el concepto del trueque. Sí, tal como suena: disponemos de un objeto que nos sobra o del que podemos prescindir y lo cambiamos por otra cosa por la que tenemos mayor interés. Estas navidades, ante la acumulación de regalos poco afortunados que nunca faltan a la cita de Reyes, se han organizado varios mercados, tanto tradicionales como virtuales, para el intercambio de prendas y juguetes sin tarjetas ni euros, con la excepción de una pequeña contribución para quienes ejercen como intermediarios. Resulta difícil establecer qué es lo que impulsa este tipo de transacción, si la pura necesidad e intención de obtener el máximo partido de todo lo que poseemos, o, se trata simplemente, del hartazgo de contemplar tanto derroche de cosas inútiles hacinadas en los rincones y en el trastero.

Otra curiosa iniciativa ha surgido al amparo de esos banquetes de fin de año con los que las empresas quieren agasajar a los empleados por su entrega incondicional a través de doce largos meses. Son almuerzos en cuya logística no les gusta perder el tiempo a los directivos; así que éstos acogen con grata satisfacción los servicios de agentes mediadores que se encargan de los detalles, reserva incluida, a cambio de una módica comisión que perciben por parte de los restaurantes seleccionados.

Se trata de sencillas, oportunas y eficaces iniciativas que pueden colaborar a paliar el desempleo.

Publicado en El Periódico de Aragón el 20 de enero de 2012

No hay comentarios:

Publicar un comentario