martes, 6 de octubre de 2026

Información y desinformación

En nuestro devenir cotidiano estamos sometidos a una saturación extrema de información, tanto a través de los medios de comunicación como, sobre todo, mediante las redes sociales, vía absolutamente prioritaria y prácticamente exclusiva por parte de los más jóvenes.

Con tanta basura disponible a golpe de clic en Internet, unida a su carencia de control —medida que a nadie parece interesar—, se hace imprescindible discernir entre información verdadera y falsas noticias, habitualmente al servicio de intereses bastardos. Sea por puras razones comerciales, sea por intoxicación propia de maniobras geoestratégicas, las técnicas de manipulación humana y social son abrumadoras y altamente efectivas; aún peor, con el auxilio de la inteligencia artificial han alcanzado tal nivel de perfeccionamiento, que obstaculizan en sumo grado la detección de los mensajes falsos, noticias capciosas y consejos malintencionados. Además, la desinformación se propaga a gran velocidad, lo cual redunda en mayor dificultad para poner remedio.

Nos conocen. Y nos conocen a fondo: gustos, aficiones, deseos inconfesados; valores, creencias, convicciones; incluso los más recónditos anhelos, esos que no se llegan a compartir con el mejor amigo… ni siquiera es preciso un clic, basta para ello el registro de los sitios web visitados, constituyendo el móvil una herramienta perfecta para el asedio a la intimidad.

No siendo posible confiar en controles ajenos, resulta perentoria la propia intervención para que nadie nos robe nuestra voluntad. Analizar, cuestionar, comprobar, confrontar; reflexionar y huir de la reacción inmediata (hay quien cuenta hasta diez, pero tal vez sería preferible al menos hasta cien); en suma, aplicar el sentido común por muy poco común que sea.

Si realmente amamos la verdad, no podemos dejar de luchar contra la mentira.

Publicado en El Periódico de Aragón, 6 octubre 2026

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