martes, 15 de septiembre de 2026

Demoledor PISA

Mucho se ha argumentado —y contrargumentado—, acerca de las potenciales causas más o menos responsables del desastroso estado del sistema educativo de nuestro país, tal como el informe PISA denuncia. No es para menos, desde luego. Los datos del informe deberían suscitar un punto de partida para invertir una trayectoria en caída libre. Para que todos los estamentos involucrados en la enseñanza, en realidad toda la sociedad, tomaran definitiva conciencia de la necesidad de una acción conjunta; plural y coherente, universal y estable; inalterable en el tiempo… en contra de las habituales iniciativas sectoriales, generadas sin consenso y rápidamente reemplazadas.

No obstante, entre los gérmenes del desaguisado, destacaría el desaliento de unos docentes muy castigados por el propio sistema junto a la falta de interés de un alumnado desmotivado, alérgico a la noción de esfuerzo y sacrificio, inmerso en una apatía generalizada. Poco tiene de extraño, pues, que el ambiente en las aulas tienda a ser desfavorable hacia el aprendizaje, así como que algunos estudiantes padezcan algún tipo de maltrato por parte de sus compañeros. Calamidades e infamia progresan sin freno en entornos y condiciones propicias: ciertamente, pasito a pasito, hemos construido una sociedad adicta al trabajo fácil, en la cual no se valora la abnegación ni se aprecian las tareas bien hechas; un círculo vicioso de listillos donde se presume de lo conseguido sin esfuerzo y donde las pícaras argucias son objeto de adoración.

Sorprende, pese a todo, la existencia de buenas noticias, de emprendimiento feraz y actividades orientadas a promover buenas prácticas; de personas dedicadas a facilitar la existencia de sus semejantes. Solo que cada día es más difícil implantarlas en la enseñanza. Por eso, es necesario un informe PISA que nos señala con razón.

Publicado en El Periódico de Aragón, 15 septiembre 2026

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