Realmente, es mucho lo que está en juego en la PAU; ni más ni menos que la ansiada salida profesional y la culminación feliz de una vocación, tal vez predestinada desde la infancia. Pero hay días en los que nos levantamos con el pie errado y todo parece torcerse; por fortuna, existen diversas fórmulas para reconducir la frustración de una nota insuficiente. Desde la convocatoria extraordinaria a principios de julio, hasta la alternativa de repetir de nuevo el examen durante el próximo curso, oportunidad adicional para alcanzar la nota de corte exigida. Sin embargo, quizá porque tal calificación sea definitivamente inaccesible, pueda ser preciso optar por una acomodación vocacional, acorde con las preferencias y aptitudes reales. En muchas ocasiones, ese es un camino fructífero para descubrir nuevos horizontes insospechados y de un gran valor; siempre conviene bucear en el lado positivo de las cosas para sortear los vaivenes a los que nos somete la existencia, cuando la suerte se muestra esquiva.
De la asignatura más importante nadie se examina, sino uno mismo, mirando en su interior. ¿Me he conducido íntegra y dignamente? Si se hace ya difícil evitar la comparación con otros estudiantes más afortunados, a los que se juzga con menos méritos, aún es peor la sospecha de utilización de medios ilícitos y trampas, incluido el recurso a técnicas sofisticadas, que puedan desvirtuar el resultado. En todo caso, aunque nuestra sociedad necesita de la honradez más que respirar, nunca conviene dejarse atrapar por el resentimiento.
Publicado en El Periódico de Aragón, 9 junio 2026
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