Llegó la industria y todas las actividades, incluidas las del sector primario, se mercantilizaron de forma irrevocable. La producción agraria emprendió un camino en el que la distancia entre los trabajadores del campo y las góndolas y expositores de los supermercados se hace ilimitada, salpicada de hitos esotéricos con una codiciosa capacidad para incrementar los precios, hasta el punto de que, paradójicamente, el productor apenas si percibe ingresos para cubrir sus costes.
¿Por qué pagar un transporte remoto, a cambio de un comercio de proximidad? ¿Por qué unas transformaciones y envasados que merman la salubridad? ¿Por qué encadenarnos a un sistema tan ajeno a la peculiaridad del medio ambiente y en extremo dependiente de unas reglas dictadas desde una óptica comercial? Daniel, El mochuelo, se alejó llorando de su aldea, consciente de lo que dejaba atrás, camino de «una vida mejor». Nosotros, ni siquiera somos capaces de reconocer nuestra desatinada trayectoria sinsentido.
Publicado en El Periódico de Aragón, 21 abril 2026
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