Pero a Fina, le faltaba algo. Y lo encontró al cruzarse en su camino con un entusiasta del cine, Fernando Fonseca, cirujano traumatólogo que, con el humanismo como divisa, decidió muy tempranamente poner todo su saber al servicio de los niños más desfavorecidos del planeta. Cooperante de profunda vocación y fundador en Cataluña de Médicos Mundi, aplicó todo su bagaje profesional a implantar manos y pies a niños sin recursos, víctimas de la enfermedad o de la guerra. Fernando, médico de los pobres, poseía una vitalidad contagiosa y desarrollaba con optimismo una inmensa labor a la que, tras su muerte, quieren dar continuidad quienes más le admiraban, a través de la fundación que lleva su nombre y en la que, además de Fina, se integran personajes tan conocidos como Nacho Duato. Un ejército de colaboradores que peregrinan por el universo paupérrimo para aliviar el sufrimiento de los más vulnerables, plató donde la codicia y el egoísmo adquieren un protagonismo absoluto.
El cine nos traslada a un mundo donde todo es posible; hace verosímil lo increíble. Y ese es justamente el milagro cotidiano que también logran los cooperantes: dar vida a la ayuda incondicional a los necesitados, allí donde más falta hace.
Publicado en El Periódico de Aragón, 18 noviembre 2025
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