La conciliación de la vida familiar y trayectoria profesional requiere unas medidas que promuevan la igualdad entre progenitores y eludan la brecha laboral asociada al cuidado de los hijos. Así, al tiempo en que se transforma y desarrolla la sociedad civil, tal evolución ha de tener un fiel reflejo en una legislación que, además, habrá de adaptarse a la normativa europea.
No hace mucho, el peso de la crianza y educación recaía exclusivamente sobre las madres, sumándose también en muchas ocasiones la asistencia y cuidado de los mayores; enorme esfuerzo, sin retribución ni vacaciones, junto a unas consecuencias ineludibles para su horizonte profesional. De hecho, incluso la posibilidad de una maternidad próxima reducía de por sí las opciones de incorporación al mundo laboral. Otro tanto sobrevenía en cuanto a los permisos de maternidad y su insoslayable secuela: freno en la carrera y complicaciones de todo tipo en la posterior reincorporación. Unido todo ello a una vergonzosa desigualdad salarial que, muy poco a poco, se va reduciendo.
Aunque el permiso de maternidad existente ha sido tradicionalmente elegido con preferencia por la mujer, cada día son más los hombres que no renuncian al placer de ejercer como padres, en el más amplio sentido del término. Ello supone un gran avance social y de equiparación de género. Equilibrar las medidas legales tendentes a la conciliación entre hombres y mujeres conduce a una sociedad más justa; aunque todavía persistan ciertas lagunas, cabe esperar que ningún empresario discrimine a una buena empleada en razón de su maternidad.
Sea como fuere, el mejor regalo que unos padres pueden dedicar a sus niños es el de su tiempo. Tiempo para jugar con ellos, para atenderles, para educarles; para conocer y satisfacer sus necesidades... Sería deseable que la normativa se extendiera un poco más.
Publicado en El Periódico de Aragón, 16 septiembre 2025
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