Carlos creció en un hogar donde se estimuló su ansia de conocimiento, rodeado de unos padres que le inculcaron un gran amor hacia la naturaleza y la ciencia, advirtiéndole sobre la necesidad de estudio y trabajo para que el talento fructifique. Hoy, Carlos, que reprueba la vieja distinción entre letras y ciencias, considera que la creatividad científica no se distingue de la artística, en tanto que admira y respeta la sabiduría natural ejercida por personas sin formación que, autónomas y autodidactas, buscan con insistencia satisfacer su curiosidad y saber más sobre todo cuanto las rodea.
En su reciente obra La levedad de las libélulas, aborda desde una perspectiva innovadora la salud y el bienestar emocional; también concluye que nunca se podrá erradicar totalmente el cáncer, el cual habitará siempre entre nosotros, pues es consustancial al género humano de por sí muy vulnerable ante la enfermedad; sin embargo, su curación será cada día más factible.
Publicado en El Periódico de Aragón, miércoles 18 diciembre 2024
No hay comentarios:
Publicar un comentario