Rafa Nadal representa un fascinante ejemplo de los aspectos más genuinamente positivos de la deportividad. Asume el triunfo sin jactancia y la derrota con dignidad, por más que el catálogo de sus conquistas sea increíblemente vasto, hasta el punto de que en muchos foros se le haya calificado como el mejor deportista de todos los tiempos. Pero cuando las lesiones y los inevitables reveses han llegado, Rafa ha sabido asumir el infortunio y ha dado muestras de extrema resiliencia levantándose una y otra vez con una fuerza mental y estabilidad personal merecedoras del mayor elogio. Un gran ejemplo, prototipo de excelso proceder dentro y fuera de las pistas de tenis; tan humano, terrenal y accesible como persona, como irracionalmente colosal por sus increíbles logros deportivos.
Además, se ha erigido como un aplicado embajador de lo español para abatir aquellos arcaicos estereotipos, inmutables panderetas o la parafernalia afín a la tauromaquia que, no ha mucho, nos caracterizaba. Por ello, cuando finalmente ha anunciado su retirada, se ha hecho acreedor de un gran aplauso, una ovación interminable y generalizada. Te echaremos de menos, Rafa.
Publicado en El Periódico de Aragón, el miércoles 16 de octubre de 2024
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