sábado, 4 de mayo de 2024

Educación financiera

 La humanidad creó la moneda en sustitución del trueque para facilitar el intercambio de bienes; desde aquel lejano amanecer, abundan ideas y reflexiones atribuyendo al dinero cualidades que oscilan entre la fascinación y lo demoníaco, de tal modo que el venerable menosprecio de rentas y beneficios, así como la secular aversión hacia los prestamistas, explicarían ciertos movimientos sociales y diferencias culturales en la administración de la riqueza.

Sea como fuere, aun considerando que lo importante de verdad no tiene precio ni se puede comprar, para el resto de las cosas el dinero es imprescindible. Ello implica la conveniencia de aprender a usarlo correctamente y transmitir ese conocimiento a los niños desde su más temprana edad. Primera asignatura, la distinción entre capricho y necesidad, diferencia que a los peques les cuesta mucho asimilar y origen de reiterados desengaños, pues tan acuciante querencia por cualquier antojo siempre se desvanece en cuanto se empieza a disfrutarlo. En idéntica línea, para educar la frustración, en contra del aquí y ahora, es preciso adiestrar a los niños en la demora de la recompensa y en el valor del esfuerzo y del trabajo a la hora de merecer cualquier premio. Restaría profundizar en la economía hogareña, donde no se debe gastar un dinero que no hay o, al menos, no hacerlo durante mucho tiempo: ansiedad y estrés agobian a los deudores y son fuente de desavenencias que minan las relaciones familiares hasta devenir en disputas insuperables.

Pero la penosa realidad en demasiados hogares, denuncia que el mayor problema es llegar a fin de mes, a pesar de la exhibición cotidiana de una extraordinaria capacidad para realizar malabarismos mágicos que estiren los escasísimos euros disponibles. Ahí sí; ahí, la lección de economía y financiación es permanente, pura pedagogía… forzosa.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 3 de mayo de 2024.

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