La labor divulgativa realizada por los profesionales de la salud viene incidiendo en la importancia de la medicina preventiva y ello desde diversos enfoques. No deseamos vivir muchos años, sino disfrutarlos con la mejor calidad de vida posible, lo que implica la necesidad de adoptar rutinas saludables, desde hábitos nutricionales idóneos a la práctica de actividades deportivas o, al menos, la pauta de un mínimo ejercicio cotidiano. Gracias a ese trabajo divulgativo se ha popularizado la referencia a la dieta mediterránea como régimen alimenticio ideal, hoy ya muy apreciado, así como los riesgos derivados del tabaco o del alcohol y de ingerir habitualmente una cuota excesiva de “comida basura”, cuya peligrosidad e ingredientes están plenamente establecidos; a pesar de lo cual, abundan en demasía en los expositores del supermercado y terminan ocupando un espacio desmesurado en el carrito de la compra.
Durante la pasada pandemia, adquirimos la costumbre de honrar todas la tardes con un cariñoso y más que merecido aplauso al personal sanitario. Hoy, no dejan de sorprender diversas noticias de agresión a médicos, enfermeras e, incluso, a auxiliares administrativos. Es fácil entender el estado de agravio y frustración de un paciente desesperado que no recibe la atención que requiere, pero la violencia no ha de ser nunca el camino. También llama la atención que las especialidades de atención primaria y medicina de familia no gocen de mayor prestigio y sean mejor valoradas y elegidas tras el MIR, cuando estos facultativos, además de diagnosticar y dirigir al enfermo donde le corresponde, realizan una labor crucial en cuanto a medicina preventiva.
Pero, en definitiva, somos todos y cada uno de nosotros los principales responsables de nuestra propia salud y quienes hemos de asumir las medidas necesarias para ello.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 13 de octubre de 2023.
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