El nombre de la Fundación es una cariñosa referencia a Blanca Fernández Ochoa, primera medalla olímpica femenina para España en unos Juegos de Invierno, y hermana de Paquito, primogénito de la familia, quien también conquistó el primer oro español en las Olimpiadas de Sapporo. Blanca pasó innumerables horas dedicada a su pasión por el esquí y derrochó un inmenso esfuerzo hasta que su tenacidad obtuvo su merecido fruto; detrás quedaban grandes sinsabores, sacrificios y frustraciones, pues la competición al máximo nivel es sumamente exigente y absorbe todo lo que existe en torno a quienes aspiran a subirse al podio. Pero, tras los vítores, acecha un insondable abismo, el desamparo de quien aún se siente en plenas facultades y no quiere renunciar a los laureles, incluso a pesar de que su organismo ya anuncie una decadencia inexorable, preludio del silencio, del olvido y de la soledad. Entonces se impone un cambio ineludible del proyecto vital, antes de que esa sociedad que tan fácilmente crea mitos como los pulveriza, ejerza una presión devastadora e insoportable. Lola Fernández Ochoa, presidenta de la Fundación Blanca, supo escapar de esa vorágine y hoy dedica su encomiable labor a construir puentes para facilitar a los deportistas la adaptación a una nueva existencia tras su retirada de la competición.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 20 de octubre de 2023.
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