La festividad de Reyes simboliza la ocasión perfecta para que niños y mayores experimenten la tradicional vivencia de recibir un regalo. ¿Por qué no un libro? En tal caso, parece obligado recordar que acaba de cumplirse siglo y medio desde que Pío Baroja viera en San Sebastián la luz del mundo, para emprender un camino muy particular. De talante individualista, solitario y algo pesimista, Pío nos trasmite a través de su obra el sabor agridulce de la España de su tiempo… que en la actualidad permanece vigente, pues tanto ayer como hoy el hombre persigue la felicidad sin encontrarla, quizá porque ciegamente pretende hallarla exclusivamente en los bienes materiales. Así mismo, el ideario político de Baroja bien pudiera adolecer de cierta ambigüedad, entre su proverbial anticlericalismo y afinidad anarquista a la oposición a la Segunda República, probablemente debido al desencanto, sin que nunca llegara a percibir los partidos ni los políticos de turno como servidores del pueblo. Sin embargo, manteniéndose muy firme en su pensamiento, jamás se mostró dogmático ni mostró mayor afán que el de sobrevivir con dignidad en una época de gran alienación humana. Estudió y ejerció la medicina durante algunos meses, antes de abandonarla por la literatura, de nuevo desengañado y martirizado por la desilusión y carencia de motivación. Si hubiera de recomendar una obra suya, esta sería ‘El árbol de la ciencia’, que el propio novelista describió como el “libro más acabado y completo de los míos”, donde su protagonista, Andrés Hurtado, busca sin encontrarlo un sentido para su vida, la cual parece responder a una trayectoria personal y rasgos calcados del temperamento e identidad del autor.
Académico de la RAE desde 1935, Pío Baroja se integra plenamente en el espíritu de la Generación del 98, marcada por el triste devenir nacional.
Publicado en El
Periódico de Aragón, el viernes 6 de
enero de 2023.
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