Ello es así vislumbrado desde una perspectiva mundial, pero también a escala nacional, local, incluso en nuestro propio círculo íntimo. Quizá sucede porque volvemos más la mirada hacia los aspectos turbios y negativos, en lugar de apreciar todo lo inmensamente bueno presente muy, muy cerca de nosotros. Por supuesto, los problemas ni desaparecen como por arte de magia, ni se resuelven por si solos, pero una actitud derrotista y paralizante nada aporta a su solución. Nunca hasta ahora en la historia de la humanidad han existido tantos recursos y opciones disponibles para mejorar nuestra propia existencia y la de quienes nos rodean, emulando el ejemplo de quienes ya dedican un gran esfuerzo personal a la sagrada misión de ayudar a los demás allí y en todo donde pueden hacerlo. Son más, muchos más de los que parecen. Ahora, cuando diciembre ya huele a Navidad es una buena ocasión para tener en cuenta su mensaje. Y dedicar al menos un poco de tiempo y trabajo para arreglar nuestra casa… terminando por arreglar la casa común, ese hermoso planeta azul que nos acoge.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 9 de diciembre de 2022.
No hay comentarios:
Publicar un comentario