Por su propia naturaleza, suele aducirse que un accidente es algo imprevisible, inevitable. De ahí la tendencia a no esforzarnos demasiado por impedirlos. Sin embargo, la paciente implantación de normas de tráfico bien orientadas ha conseguido reducir de forma notoria las muertes en la carretera; otro tanto podría decirse del tráfico urbano, donde las víctimas potenciales más desprotegidas son los peatones, ciclistas y usuarios de VMP. Pero, como siempre, donde en última instancia reside el éxito de cualquier campaña vial es en la formación y responsabilidad de los conductores, con particular hincapié en todo lo que merma su capacidad, como el alcohol, estupefacientes, medicamentos o condicionantes emotivos y psicológicos que puedan conllevar una distracción.
Todo lo cual no exime al peatón del oportuno compromiso en favor de su propia seguridad, así como de su obligación a respetar las normas de tráfico… solo que, demasiadas veces el atropello sucede sobre la acera, en un parque u otros espacios peatonalizados, y el vehículo agresor es un patinete o bicicleta que se lleva por delante a quienes no disponen de suficiente agilidad o suerte para esquivar la embestida.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 25 de noviembre de 2022.
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