Parece claramente establecido que el abuso de alimentos precocinados, ultaprocesados y dulces está muy relacionado con la salud en general y con la obesidad en particular, una afección ya endémica y de creciente implantación en las nuevas generaciones. Por otra parte, el nivel socioeconómico familiar determina en sumo grado la presencia de trastornos alimenticios, pues llenar la cesta de la compra con productos adecuados es cada día más caro y queda fuera del alcance de los padres con menor poder adquisitivo, carencia que, de acuerdo con las previsiones, podría agravarse mucho durante los próximos meses. Es, pues, fundamental conseguir que todos los pequeños accedan a una alimentación sana, tanto si comen dentro del colegio como si lo hacen en casa, sin olvidar que otro ingrediente sustancial de la salud es el ejercicio físico, aspecto al que también puede contribuir la organización de la vida escolar.
Cuidar de la infancia es una obligación no solo paterna, sino también colectiva en cualquier sociedad que se precie de avanzada.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 30 de septiembre de 2022.
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