sábado, 5 de febrero de 2022

Mayores y barreras tecnológicas

La fragilidad humana se hace más patente según se cumplen años; la edad es un índice inequívoco que revela la pérdida de autonomía personal, esa capacidad de la que los mayores hicieron gala durante tantos años para mejorar la existencia de quienes les rodeaban y de la que ahora carecen para superar un numero creciente de barreras impuestas por las nuevas tecnologías. Así, a menudo, Internet y los dispositivos electrónicos no han sido liberadores para los mayores, sino que han incrementado su dependencia y la necesidad de acudir a familiares, amigos o cualquier persona de buena voluntad para resolver trámites que hasta hace poco se efectuaban de forma presencial y personalizada. Sea la administración de sus bienes o las más sencillas operaciones bancarias, como la disposición de fondos; sea la cumplimentación de múltiples trámites administrativos, todo son obstáculos, incluido el deficiente funcionamiento de algunas aplicaciones telemáticas. Todo ello implica inadaptación y, en definitiva, marginación real para los mayores indefensos.

Carlos San Juan es el promotor de una campaña, ya con una enorme repercusión y muchos cientos de miles de adhesiones, que reclama de las entidades bancarias un trato más humano, al tiempo que lamenta la imparable irrupción de máquinas en sustitución de empleados. ¿Dónde fueron aquellos afables, cercanos y bien dispuestos profesionales de las también desaparecidas Cajas de Ahorros? Obviamente, al paro o a la jubilación, para reducir plantillas y al tiempo incrementar la cuenta de resultados, beneficios que, paradójicamente, dependen en gran medida de los ahorros de esos clientes menospreciados. Pero la exclusión financiera solo refleja una parte, la más visible, de un problema que más temprano que tarde, también padecerán quienes hoy tienen en su mano la solución.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de febrero de 2022.

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