sábado, 22 de mayo de 2021

Encerrados en casa

Sin duda, el hogar es para los mayores su mejor refugio, pero, a veces, también se convierte en un angustioso encierro, una trampa de la que es difícil escapar. Muchas viviendas, tan viejas como sus residentes, carecen de ascensor, así como de otros servicios esenciales para personas con limitaciones psicomotrices, lo que implica un confinamiento permanente cuyas secuelas apenas pueden subsanarse gracias a la tutela de vecinos y familiares.

Pero si las restricciones somáticas son importantes, no lo son menos las que conciernen a la mente. Las neuronas, músculo del intelecto, necesitan actividad y entrenamiento constante para evitar su anquilosamiento y subsiguiente degeneración total. En la misma medida en que no se ejercitan, van perdiendo paulatinamente su capacidad de respuesta, lo que abre la puerta a la senilidad y a sus típicas secuelas: pérdidas de memoria, desorientación, torpeza y otras manifestaciones habituales de senectud.

“Aun aprendo”, escribió Goya al margen de su famoso dibujo del Álbum de Burdeos, para reflejar su voluntad inquebrantable de desarrollo personal. Aún aprendo, deberían decir todos quienes ansían crecer en el conocimiento. Para ello, nada mejor que un buen libro. Por fortuna, también crecen las oportunidades para que los libros accedan a los pisos más huidizos, como bibliotecas itinerantes y librerías que ponen a disposición del cliente envíos a domicilio. Muy pronto, quizá también audiolibros, pues existen muchos mayores que no disponen de suficiente capacidad visual para leer. En fin, la necesidad de superar las restricciones impuestas por la pandemia, que ha puesto de relieve graves deficiencias sociales, ha dado origen a multitud de iniciativas válidas en todo tiempo. Las grandes crisis siempre generan grandes oportunidades. Pero es preciso aprovecharlas.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 21 de mayo de 2021

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