El techo de cristal.
Cuando observamos por calles y parques la presencia cotidiana de mujeres entrenándose o corriendo, cuesta pensar que en la antigua Grecia, bajo pena de muerte, las mujeres solo podían participar en los Juegos Olímpicos como espectadoras y únicamente en tanto permanecieran solteras. En las Olimpiadas modernas, su incorporación hubo de esperar hasta 1900, amén de limitarse durante años a golf y tenis. Mucho han cambiado las cosas desde entonces y aquel antaño inviolable techo de cristal se ha resquebrajado, gracias a la labor de ejemplares pioneras obstinadas en lograr una igualdad de pleno derecho y rebosante realidad, desbrozando zarzales y espinas hasta lograr objetivos grandiosos en todos los campos, sean científicos, profesionales o deportivos.
¿Hace más quien quiere o quien puede? Mi admiración se desborda cuando contemplo casos extremos de tal querencia, cuando la superación se viste de vocación y las proezas deslumbran, mientras las féminas se enfrentan y triunfan sobre obstáculos de particular severidad. Es el caso de Carmen López, fascinante especialista en jugar con las olas, a pesar de que no puede verlas. Carmen, aspirante a domeñar los embates del mar igual que sortea los escollos de un lacerante destino, ha llegado a conquistar una medalla de cobre (4º puesto) en su primera participación en los mundiales de surf adaptado en California. Por su parte, Desirée Vila, víctima de un infausto incidente en el que perdió su pierna derecha, tuvo que cambiar la gimnasia por el atletismo, pero no está dispuesta a renunciar a nada y aún menos a su fe en ella misma y en su futuro. Escritora de éxito, nos ha transmitido sus vivencias en un hermoso libro, donde muestra que el arma mágica para romper cualquier techo, sea o no de cristal, reside en las ganas de vivir.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 1 de febrero de 2019.
No hay comentarios:
Publicar un comentario