Se hace difícil soportar el permanente diluvio de malas noticias y desastres que nos inunda cotidianamente, aldabonazos insistentes donde se ve prosperar el egoísmo y la insolidaridad. Por fortuna, inmerso en el pesimista desasosiego que nos salpica, tampoco faltan crónicas que hablan precisamente de lo contrario, de entrega generosa y fraternidad. ¿Qué mejor muestra de ello que la donación de órganos de nuestro propio cuerpo para que otras personas puedan seguir viviendo?
Pues bien, España camina por delante del resto del mundo en cuanto a donación y trasplantes, con un sistema ejemplar que dobla la tasa media de intervenciones en la Unión Europea. Aragón, además, se encuentra entre las Comunidades punteras de nuestro país, en constante línea de superación merced, esencialmente, a la modélica coordinación entre los servicios de urgencias y emergencias, según palabras de Rafael Matesanz, director de la Organización Nacional de Trasplantes.
Algo para sentirnos orgullosos, ¿verdad? Sobre todo, porque en la base de la gestión diligente que realizan los equipos de la ONT está la disponibilidad de órganos, fruto de la generosa (y habitualmente anónima) predisposición de donantes, a través del testamento vital, así como de los familiares de un fallecido, capaces de sobreponerse al doloroso trance de la pérdida, hasta el punto de que solo un 6% de ellos deniega la donación. En este contexto, las expectativas más optimistas son año tras año sistemáticamente arrolladas por la realidad, lo cual no debiera conducirnos a la relajación, pues todavía queda mucho por hacer.
Nunca faltan buenas noticias, aunque no ocupen la primera plana. ¿Por qué nos obstinamos en ver siempre el lado más oscuro de la vida?
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 22 de abril de 2016.
No hay comentarios:
Publicar un comentario