sábado, 6 de febrero de 2016

Musicoterapia

Asistimos al espectáculo nada edificante de una sociedad en crisis, con un menosprecio fundamental de valores, donde se echa muy en falta un reflejo de todo aquello que devuelva a la persona el humanismo que nunca debió perder. Entre todas las artes y actividades creativas, sobresale la música a la hora de elevar el espíritu y liberarnos del falso y egocéntrico oropel que impera en una individualidad escasamente propensa a la solidaridad.

La música ha sido siempre un canto jubiloso a la esperanza y a la vida; hoy se nos revela también como un eficaz aldabonazo terapéutico capaz de paliar el sufrimiento de los pacientes oncológicos. Virginia Castelló, presidenta y fundadora de Música en Vena señala las virtudes de la terapia musical frente a las necesidades físicas, emocionales, cognitivas y sociales de los individuos; aunque no sustituye en modo alguno a los tratamientos convencionales, está especialmente indicada para actuar contra la ansiedad, el dolor y los efectos indeseables de los tradicionales procedimientos onco-paliativos y se muestra especialmente eficaz con los niños, donde su utilización es más habitual.

Así, los artistas músicos colaboradores, siempre profesionales y algunos muy afamados, recorren de forma altruista los hospitales dejando una estela de bienestar; ellos se olvidan de su ombliguito e irrumpen en un mundo doliente para transmitir un mensaje de entrega y devoción. Su única y suficiente recompensa reside en el agradecimiento y sonrisa de los pacientes.

Pero la musicoterapia no solo es fuente de salud. También genera futuros creadores en la música, la literatura y en el resto de las disciplinas artísticas. En palabras de la doctora López-Ibor: “la música es la rehabilitación del alma”.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 5 de febrero de 2016

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