sábado, 5 de diciembre de 2015

Una lección de solidaridad.

Monzón, colegio Minte, curso pasado; uno de los alumnos, supeditado a un severo tratamiento de quimioterapia, no puede reincorporase a unas aulas, que serán escenario de una bella historia de amistad y solidaridad, con premio para todos sus protagonistas.

Los alumnos de cuarto de Primaria, tutelados por su profesor, Javier Mur, se organizan para trasmitir a su compañero Guillén los contenidos didácticos del curso, de tal forma que este no pierda el año. Todos a una, como en Fuenteovejuna, emprenden la operación de hacerle llegar los temas tratados en clase y armados con una cámara de vídeo graban programas, confeccionan murales, elaboran y corrigen tareas; en definitiva, erigen un puente mediante el que le trasladan el día a día de clase. Hasta tal punto y con tal entusiasmo se implican en el proyecto, que no tardan en surgir toda clase de iniciativas de mejora impulsadas por la creatividad de los chicos: lo más guay del mundo mundial; y, al final, el éxito sonríe al empeño, cuando en la primavera de este año Guillén retorna a la enseñanza presencial.

Hasta aquí, el admirable y ejemplar testimonio de unos hechos con final feliz. Amistad y solidaridad, junto a la colaboración de alumnos, familias y profesores, constituyen las bases más valiosas y llamativas del proyecto. Pero hay más: un efecto de notable interés didáctico que se desprende de la interacción entre Guillén y sus compañeros: estos, al desempeñar el papel de profesores, se vieron forzados a reelaborar los contenidos tratados en clase y a realizar una labor de síntesis que les llevó mucho más allá del aprendizaje y memorización habituales. En suma, un excelente fruto adicional a lo que de verdad importa: el refuerzo de la empatía y cooperación entre los alumnos.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 4 de diciembre de 2015.

No hay comentarios:

Publicar un comentario