sábado, 12 de diciembre de 2015

Paris... ¿suficiente?

En el camino a París desde el Protocolo de Kioto, en 1997, muchas cosas han cambiado en lo que se refiere al calentamiento global. La más importante, el tiempo: han transcurrido casi dos frustrantes décadas sin registrar ningún avance significativo en la resolución de una crisis medioambiental cuya evolución se desarrolla en progresión geométrica, mientras que ya pueden constatarse alarmantes indicios como el auge de enfermedades derivadas de una polución imparable. Y ello aun sin contar con la presencia de oscuros invitados de los que apenas se habla, como el metano, llamado a alcanzar un temible protagonismo en un futuro ya muy próximo.

La perspectiva optimista de la cuestión reside en el cambio de actitud por parte de las máximas potencias mundiales, también las de mayor capacidad contaminante, como Estados Unidos y China; sin embargo, está por ver el compromiso real que estos países puedan llegar a asumir. En cualquier caso, el calentamiento global exige una solución global: todos estamos involucrados en el problema y en su remedio. Y es precisamente ahí donde duermen las mayores esperanzas, prestas a un alentador despertar. Desde el interés por las energías renovables o la clara tendencia hacia una gestión más eficaz y menos contaminante de los recursos, hasta el florecimiento de actividades como el reciclado, parece confirmarse una resuelta toma de conciencia por parte de la ciudadanía, que habrá de avanzar no detrás, sino por delante de sus gobernantes. Porque la superación del calentamiento global requiere, más que sacrificios y renuncias obviamente ineludibles, un cambio sustancial en nuestra forma de vivir y entender el mundo que nos rodea. Mañana, nada será ya igual; pero si hoy no intervinimos, tal vez no exista mañana.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 11 de diciembre de 2015

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