domingo, 17 de mayo de 2015

El conocimiento, fuente de felicidad

El ser humano persigue sin descanso una esquiva felicidad que constantemente se le escurre entre los dedos. Pero, ¿cómo medir la felicidad? Entre los diversos indicadores que lo intentan, el índice “Better Life Index”, avalado por la OCDE, viene a rubricar que salud, educación y satisfacción ante la vida constituyen los tres pilares básicos del bienestar.

Así, como conclusión compartida con otros estudios, el anhelo de saber más e incrementar nuestros conocimientos se transforma en una poción mágica que prolonga la juventud y afianza la longevidad, además de brindarnos un arma poderosa para entender qué somos. El grado de instrucción se erige como una necesidad vital cuyo estímulo ha de mantenerse a lo largo de toda la existencia y, particularmente, ha de fomentarse durante infancia y adolescencia; sin embargo, las nociones de cultura y formación, junto a todas aquellas que incluyen un marcado carácter intelectual, no están de moda. Quizá no lo hayan estado nunca, pero nuestra época se identifica demasiado con una tendencia destructiva y de menosprecio hacia todo lo que implica esfuerzo y se aparta de un ocio fácil y simplón: solo es preciso comprobar el tiempo dedicado en televisión a espacios de cotilleo, farándula y espectáculo, frente a programas que entrañen una mínima reflexión y esfuerzo mental por parte del espectador. Por supuesto, muchos dirigentes y aspirantes a serlo se sienten muy cómodos en tal ciénaga, donde el espíritu crítico claudica sin remedio: pan y circo ha sido la fórmula secular de control para gobernar a la estulticia más domesticada. Amasar fortuna, a ser posible de forma rápida y sin escrúpulos, es la otra cara de esa moneda que nunca podrá comprar la felicidad.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 15 de mayo de 2015

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