sábado, 2 de mayo de 2015

Amigos del libro

Desde la soledad, el escritor recrea un mundo nuevo, quizá personalísimo pero también universal; un mundo donde sus vivencias e ilusiones se reflejen con algo más que palabras huecas, sin sentido. Palabras que así mismo carecerían de sentido y permanecerían estériles si, al otro lado, no existieran lectores con quien compartirlas.

Los premios Búho de la Asociación Aragonesa de Amigos del Libro, que este año se me ha otorgado por mi trayectoria literaria, quieren reconocer la labor de todos aquellos que, de una u otra forma, contribuyen a que el libro sea un tesoro, un manantial de ideas, reflejo fiel de alguna faceta del mundo que habitamos. Bibliotecarios, libreros, editores; diseñadores e ilustradores, traductores, escritores: en los Búho tiene cabida todo aquel que pueda contribuir con su granito de arena al engrandecimiento del libro, a que siga siendo una realidad presente en nuestra existencia. Y la base de todo ello es una asociación que en su propio nombre pregona la amistad con el libro. La relación entre autor y lectores empieza muy pronto, ya que el escritor, antes de llegar a serlo, ha de ser también un gran lector: de ahí la completa identificación entre unos y otros, pues formamos parte de una misma esencia; pero, igual que existen buenos y malos escritores, también hay buenos y no tan buenos lectores; quienes integran la Asociación de Amigos del Libro lo son excelsos. Nuestros sueños de autor se diluirían como pompas de jabón si no existiesen quienes miman el libro y lo sienten como algo íntimo; quienes nos ilustran desde su humildad y apadrinan nuestro esfuerzo sin lugar para el desaliento; quienes nos estimulan y consiguen que escribir una nueva página no sea una labor baldía.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 1 de mayo de 2015.


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