sábado, 3 de enero de 2015

Un cuento.

La vida es un sueño, la vida es un cuento, donde los Reyes Magos nunca faltan a su cita anual y las ilusiones infantiles no se rompen como aquel cántaro camino de la fuente. Los recuerdos de mi niñez me devuelven a la infancia, cuando mamá transmutaba un puñado de juncos en un magnífico juego de palillos o los huesecillos del ternasco eran reciclados en coloridas tabas. Viejos y entrañables tiempos de antaño, cuando todos sus días lo eran de crisis y los Reyes de Oriente cabalgaban sobre escuálidos camellos con las alforjas casi vacías.

Hoy, escaparates y anuncios son testimonio de un gran despliegue publicitario en el que los más sorprendentes artificios compiten por conquistar la sonrisa embelesada de un niño y, sin embargo, apenas le dejan un escueto espacio para ejercitar su imaginación. Los nuevos artilugios electrónicos no estimulan el espíritu creativo ni invitan a soñar; no trasladan al peque a un universo fantástico del que será su propio protagonista. Concebidos en complejas redes 3D por potentísimos equipos de ingeniería y diseño, olvidan la más importante y creativa dimensión: la fantasía. Todo lo contrario de lo que nos espera al abrir las páginas fascinantes de un cuento, puerta franca de par en par a un mundo maravilloso donde todo, incluso la más asombrosa quimera, se hace posible.

El cuento es un reflejo de la vida, contemplada a través de unos ojos limpios y aderezada con la ingenua candidez de las cosas sencillas, para iluminar los más insondables recovecos del alma humana. El cuento es un camino inmortal que desde la enigmática noche de nuestros ancestros ha hecho gala de una prodigiosa capacidad para entretener y formar a la humanidad. El cuento nos enseña a vivir.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 2 de enero de 2015

No hay comentarios:

Publicar un comentario