Tras el largo estío vacacional y muy lejos de lo que antaño suponía, la vuelta al cole suele venir hoy acompañada de una gran ilusión y risueñas expectativas de reencuentros y nuevas experiencias. Pero, este año, la mochila de muchos peques viaja infaustamente liviana, vacía de un almuerzo que sus progenitores no han podido proveer, tras un desayuno así mismo frugal: los escasos recursos económicos del hogar engendran este tan insospechado como prolongado ramadán.
Las carencias nutritivas en los niños españoles se están convirtiendo en un inesperado problema, secuela de una crisis que está abofeteando con singular fuerza las economías domésticas más precarias, a la espera de un maná que los más privilegiados parecen acaparar. Pero esta malnutrición deriva ineludiblemente en un bajo rendimiento tanto físico como intelectual, propio, hasta ahora, de entornos tercermundistas. Como no podía ser de otra forma, la solución se asienta en la solidaridad, en el apoyo de ciertos colectivos conscientes de que en nuestra sociedad se están creando funestas bolsas de pobreza. Así, el proyecto Educo, a través de los colegios y de los servicios sociales, está canalizando una aportación económica para esas familias que no han conseguido una de las insuficientes becas de comedor a cargo de una Administración pródiga en recortes.
Los efectos de la difícil etapa que atraviesa la enseñanza en nuestro país solo pueden paliarse con la colaboración de todos, una contribución que no debiera limitarse únicamente a los factores más urgentes y materiales, sino extenderse también a quienes precisan apoyo por sus necesidades de aprendizaje o carencias intelectuales: la educación es y será siempre la mejor inversión de futuro.
Publicado en el Periódico de Aragón, el vienes 14 de septiembre de 213
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