sábado, 16 de febrero de 2013

Espíritu de trabajo.

Reforma tras reforma de la enseñanza, las cifras de los sucesivos informes PISA arrojan un decepcionante resultado que nos sitúa en la cola de Europa en lo que respecta a rendimiento académico. Entretanto, el índice de paro juvenil, por más que otras causas puedan estar involucradas, tampoco refrenda la idoneidad en la preparación de las nuevas generaciones.

Estamos saturados de títulos que no valen mucho, pero cultura y formación continúan siendo la llave del futuro, de un mañana que tampoco tiene por qué restringirse a las facetas más mercantilistas de la trayectoria profesional. Por ello, sea bienvenido cualquier esfuerzo orientado a mejorar la preparación de nuestros jóvenes, incluso si se llama “reválida”, esa prueba que muchos sufrimos antaño sin mayores sobresaltos, pero que, efectivamente, implica madurez y ejercicio de las habilidades cognitivas desarrolladas.

Más allá de frustrantes medidas laborales y académicas, lo que se echa en falta, tanto en el ámbito de las aulas como en el de quienes ya las han abandonado, es un mayor espíritu de esfuerzo, sacrificio y trabajo. Nadie nos va a sacar de esta crisis: habremos de salir por nosotros mismos. Y cuanto antes se ponga manos a la obra, mejor, aunque para ello sea necesario asumir pautas provisionales, antaño inaceptables, que medien entre la escuela y un puesto de trabajo precario. ¿Por qué ha de ser incompatible el subsidio del paro con mínimos contratos parciales, o con otras disposiciones concebidas con amplitud de miras?

Y si bien se dedican recursos más o menos eficaces para los jóvenes, pocos se acuerdan de los profesionales próximos a la jubilación, tratados como desperdicios con un grave desaire a sus conocimientos y experiencia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 15 de febrero de 2013

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