Los tiempos difíciles, las situaciones complicadas, demandan respuestas imaginativas en las que el ingenio se agudiza para brindar resoluciones eficaces. Para ciertas personas, tal enrarecido escenario es permanente y les exige un duro esfuerzo de adaptación, incluso para desarrollar actividades que para otros resultan triviales e intrascendentes. Estas personas precisan desplegar toda la capacidad de sus cuatro sentidos y aún incrementarla más allá de lo previsible para suplir la carencia del quinto sentido restante.
Así es el sorprendente y maravilloso ejemplo de los fotógrafos ¡ciegos!, de los cuales existe una notable representación en nuestro país, a la estela de Tara Miller, la cual ganó recientemente un premio nacional de Canadá en un certamen cuyo jurado ignoró en todo momento su condición de invidente. Los recursos desplegados para obtener sus magníficas imágenes son dignos de la mayor admiración, por más que, obviamente, no rehúse potenciales colaboraciones externas.
En España, la ONCE constituye la institución con la que, en mayor medida, pueden contar quienes han de afrontar su existencia como una carrera de obstáculos, lo que les fuerza a desarrollar otras capacidades; con escasa fortuna, se les suele otorgar el peyorativo calificativo de discapacitados, sin tener en cuenta que su espíritu de superación les lleva a alcanzar sus objetivos en un plano de igualdad con el resto de sus congéneres. En cualquier caso, la lección de estos hombres y mujeres se erige como un modelo de capital importancia en una crisis histórica donde la ciudadanía, injustamente castigada, eso sí, implora ilusorios consuelos, en lugar de buscar el remedio dentro de sí misma, ahuyentando los sombríos nubarrones del pesimismo.
Publicado en El Periódico de Aragón, ayer, viernes 7 de setiembre de 2012
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