Un verano más, merced al programa “Vacaciones en paz”, muchas familias aragonesas acogerán en sus hogares a niños procedentes de campamentos de refugiados saharauis.
Para los niños saharauis, este programa, al tiempo que se desarrolla salvaguardándoles de los peores meses del más tórrido calor africano, significa una oportunidad para conocer otras formas de vivir y pensar; quizá también para descubrir… que los niños son iguales en todas partes del mundo. Aunque para algunos todo es más fácil ya que solo les basta abrir un grifo para disponer de agua corriente; no hablemos ya de juguetes o de esos sofisticados artilugios electrónicos que parecen imprescindibles en nuestra floreciente sociedad de consumo y que tan asombrosos han de resultar para quienes han sido desposeídos hasta de los bienes más elementales.
“Vacaciones en paz” acumula ya más de tres lustros de vivencias entrañables, en las que, además de los hogares de acogida, participan numerosos profesionales de la salud que brindan de forma altruista sus servicios mediante revisiones médicas y odontológicas, incluidas las intervenciones de mayor urgencia. Otros trabajadores sociales y ONGs colaboran en llevar a buen término esta feliz iniciativa que intenta contrarrestar algunas de las secuelas derivadas del proceso de descolonización del Sahara, todavía inconcluso a pesar de varias resoluciones de la ONU.
Pero, a este lado del estrecho de Gibraltar, “Vacaciones en paz” constituye un precioso símbolo de buena voluntad: vemos cómo hoy se siembra esperanza y solidaridad; mañana cosecharemos lazos de fraternidad universal, lo que nos hace pensar en un mundo mejor en cuya faz no faltarán quienes estén dispuestos a proporcionar calor humano a los más vulnerables.
Publicado en El Periódico de Aragón el viernes 22 de junio de 2012
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