sábado, 10 de marzo de 2012

Educación para adultos

Gracias a la encomiable labor de un profesorado entregado y al ánimo desplegado por un alumnado entusiasta, la educación para adultos es una espléndida realidad en Aragón, con particular mención de la Comarca del Alto Gállego, donde más de mil asistentes, cuyas edades se cuentan entre los treinta y los noventa abriles, acuden regularmente a las aulas en una demarcación cuya población total no llega a los quince mil habitantes.

Tan sorprendente concurrencia requiere, sin duda, la feliz conjunción de muchas premisas, entre las que no puede faltar el deseo de aprender, de llegar más allá; de profundizar en un conocimiento que, a veces, no pudo adquirirse durante la adolescencia. Y una de las áreas más fecundas es la literatura, donde uno de los recursos pedagógicos más utilizado consiste en el análisis y comentario de una obra previamente escogida y leída por el grupo. Así, recientemente acudí a Sabiñánigo, invitada para hablar de mi última novela. No es la primera vez que asisto a una sesión de estas características, ni, desde luego, será la última, pero siempre me conmueve la actitud tan positiva que observo, esa devoción que tan bien explicitó un Goya ya anciano cuando proclamaba con orgullo: “Aún aprendo”.

No es Aragón una tierra fecunda para los creadores, nunca lo ha sido y, demasiadas veces, miramos con envidia a otros vecinos más afortunados que acogen con afecto a nuestros talentos forzados a emigrar. Pero, cuando tengo la oportunidad de asistir a una de estas tertulias y sesiones, siempre me reconcilio con nuestro terruño. Y agradezco de corazón la ingente labor desarrollada por esos docentes que tratan de ampliar el horizonte cultural de los aragoneses, incluso en los rincones más apartados, tanto más cuando una Administración obligada a los recortes puede transformar su labor educativa en un esfuerzo heroico.

Publicado en El Periódico de Aragón el viernes 9 de marzo de 2012.

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