martes, 7 de julio de 2026

Buena gente

Las personas con buenos sentimientos abundan más de lo que podría parecer cuando se atiende a los medios de comunicación. No son noticia ni dan lugar a elocuentes titulares, ni siquiera son objeto habitual de conversaciones en la calle o en el trabajo… pero ahí están, serenas y ejemplares, alejadas de la frivolidad predominante, empeñadas en conseguir cada día un mundo mejor, más habitable y con sitio para todos, sin prejuicios de género, clase o etnia. Esa gente buena aporta su granito de arena solidario, sin ruido y en la intimidad; cada minuto, cada segundo, sumando una tras otra las piezas de un sólido armazón que, realmente, es el que sostiene a una humanidad atenazada por el egoísmo, la violencia y el desamor.

No, casi nunca son noticia, pero cuando miramos a nuestro alrededor es muy fácil observar gestos de asistencia altruista en favor de otras personas necesitadas de ayuda, quizá completos desconocidos; gestos que permiten la supervivencia de los más vulnerables frente a una sociedad inmisericorde que tiene a ignorarlos cruelmente. Pero si los seres humanos nos hemos desarrollado como especie inteligente y hemos progresado socialmente, se debe sobre todo a nuestra capacidad para comunicarnos y ayudarnos unos a otros, para no dejar nunca abandonado al compañero. Eso es exactamente lo que dictamina el conocimiento científico. Y eso es exactamente lo que podemos constatar con una mirada abierta, libre, que atienda a nuestra discreta y taciturna realidad cotidiana, tan poco amiga de la petulancia.

Sin embargo, siempre pendientes del ruido, del brillo cegador de sucesos deslumbradores, habitualmente hechos aciagos, que perturban, confunden nuestro ánimo y carcomen la esperanza, permanecemos ciegos y sordos a todo lo bueno que nos rodea.

Pero ahí sigue la buena gente. Siempre dispuesta a hacer el bien.

Publicado en El Periódico de Aragón, 7 julio 2026

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