Se lamentaba Antonio Machado en su discurso de ingreso en la RAE de poseer un nivel muy bajo de conocimiento del latín, quejándose del estrago provocado por un mal profesor que se lo hizo detestar. Y también citaba el poeta que hubo de aprender griego en plena madurez para poder leer a Platón en su lengua vernácula, de nuevo afligido por no haber tenido ocasión para ello antes de que su memoria y aptitudes iniciasen un ineludible declive. Ello nos obliga a reflexionar acerca de nuestras capacidades y debilidades, así como sobre la importancia de aprovechar los mejores años para adquirir unos conocimientos en los que basar el mejor desarrollo intelectual posible en el futuro.
Ahora, al final de una etapa crucial, estos jóvenes están a punto de ingresar en otra no menos importante. Pero nada es definitivo; tal como pude escucharle recientemente a Juan Bolea: «Yo no me jubilaré nunca», a todos les espera una vida de estudio y formación permanente, siempre abierta a la posibilidad de reorientar una trayectoria descaminada. Quienes no hayan podido satisfacer en junio su opción, tendrán en la convocatoria extraordinaria otra oportunidad. Y siempre queda la alternativa de esperar un año para mantener viva la ilusión por realizar el sueño de su futura profesión.
Publicado en El Periódico de Aragón, 10 junio 2025
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