martes, 6 de mayo de 2025

Cara y cruz de un apagón

La cruz es muy evidente porque todos la hemos llevado a cuestas, aunque la de algunos haya sido ligera, casi anecdótica, en tanto que otros ni siquiera han podido cargar con ella. Nos queda un sinfín de imágenes de todo lo que aconteció un lunes sin historia… hasta las 12:33. ¡Sin luz en todo el edificio, en toda la ciudad, en Aragón, en…! Mientras crecía la afectación, hasta englobar la práctica totalidad del planeta, al ritmo de un gran bulo que solo los entrañables transistores a pilas podían paliar, también intuíamos la elevada probabilidad de casos muy graves que, efectivamente, se fueron traduciendo en múltiples situaciones de extrema severidad, de un coste económico y, por desgracia, también personal, muy importante.

Es muy de celebrar la reacción generalizada, realmente ejemplar y ordenada; inicialmente espontánea y muy pronto bien organizada, con muestras tan modélicas como las generadas por los vecinos de Alhama y Zaidín en auxilio de los viajeros atrapados en trenes detenidos cerca de estas localidades. O las proporcionadas por tantos héroes anónimos de quienes apenas hemos tenido noticia, porque las buenas acciones suelen tener un eco mínimo, aún menos cuando hasta los móviles desfallecen.

Queda por escribir el capítulo final, epílogo que debiera incluir garantías de no repetición del suceso. Es preciso investigar causas y, por supuesto, dirimir responsabilidades; sin embargo, aunque la recuperación de la red haya sido irreprochable, su gestión anterior adolece de ineficacia para controlar un equilibro en claro riesgo, tal y como venían anunciando múltiples testimonios e incidentes, resueltos en última instancia al borde del precipicio, lo cual resta relevancia a eventos desencadenantes. En cualquier caso, el culpable no se encontraría entre las energías renovables, sino en su deficiente integración.

Publicado en El Periódico de Aragón, 6 mayo 2025 

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