miércoles, 2 de abril de 2025

La vida en un escenario

Se ha celebrado recientemente el Día del Teatro, ahora rebautizado como de las Artes escénicas para dar entrada a otras actividades artísticas como puedan ser las circenses. Lo cierto es que el denominador común de todas la artes es la creatividad, por lo que la combinación de varias de ellas es algo muy habitual, así como también es muy frecuente la carencia de una aceptable remuneración, en una sociedad donde cada día se hace más patente la ambición desmedida y triunfa el vil metal bajo el lema «más dinero y menos trabajo». Rezaba una canción de Rafael: «El trabajo nace con la persona, va grabado sobre su piel, y ya siempre le acompaña, como el amigo más fiel», estribillo que hoy parecen compartir los artistas como acólitos preferentes, si bien no todos, pues tampoco faltan entre ellos quienes no dudan en montar corceles que les permitan medrar al galope, aun al precio de un poco de dignidad.

La utopía romántica y quijotesca es propia del artista vocacional que solo piensa en la calidad de su obra y tan solo aspira al aplauso sincero, a no morir del todo y conseguir una pequeña parcela de inmortalidad, legado para nuevas generaciones. Pero tampoco el triunfo esta al alcance de cualquiera y, además, se diluye como rocío bajo los rayos del sol.

No es el caso de Miguel Delibes. En su novela ‘Cinco horas con Mario’, tantas veces adaptada como célebre monólogo teatral, Menchu, protagonista y oculta sufridora, mientras vela el cadáver de su marido, le reprocha todas las pequeñas sombras de la vida cotidiana. Lo hace sin acritud pero con una sinceridad demoledora, hasta provocar en lectores o auditorio una profunda reflexión sobre las taimadas facetas propias de la vida artística y de la convivencia humana. Y es que nuestra propia existencia trascurre sobre un gran escenario. Por eso el teatro es tan buen espejo.

Publicado en El Periódico de Aragón, 1 abril 2025


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