sábado, 16 de septiembre de 2023

Deportividad

El sentido deportivo en la vida, colaborar y coordinarse con el resto del equipo, saber ganar y saber perder, es algo muy importante. Sin embargo, con demasiada frecuencia, intereses bastardos se imponen sobre el espíritu deportivo para transformar lo que debiera ser un noble y hermoso espectáculo en una contienda despiadada por el triunfo a cualquier precio. Las disciplinas con una mayor repercusión económica en juego (nunca mejor expresado), son las más proclives a las maniobras rastreras y a la expresión de comportamientos antideportivos que, además, tienden a amplificarse desde el terreno de juego a las gradas. La provocación, incluso la agresión, encuentran su eco en un público que ni siquiera está dispuesto a aceptar las reglas de juego, en notorio contraste con la práctica de deportes donde la rentabilidad crematística es de mínima relevancia y cuya lejanía del poder y la riqueza también los aleja de la venalidad y del envilecimiento.

Sorprende (¿o quizá no?) la escasa repercusión en la audiencia mediática de las cuatro medallas de oro de España en los mundiales de atletismo de Budapest, a cargo de María Pérez y Álvaro Martín en marcha, disciplina que desgraciadamente está a punto de desaparecer de los Juegos Olímpicos. Preparación, tenacidad, espíritu de sacrificio y, sobre todo, entrega… a cambio de muy poco. Al menos, de muy poco de aquello que tanto se valora en otros ámbitos y donde, no por casualidad, la deportividad apenas florece ni se la espera. María y Álvaro son ejemplo, dentro y fuera del estadio, de lo que significa e implica un sentido deportivo de la vida, ese que, precisamente, debería aplicarse tanto en el campo como en los graderíos, en especial cuando allí hace acto de presencia el público infantil.

Y, por qué no, deportividad también para todos en todas las actividades cotidianas.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 16 de septiembre de 2023.

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