José Manuel fue un hombre afable, muy accesible y hospitalario, más propenso a escuchar criterios y opiniones ajenas que a verter las propias, como tuve oportunidad de conocer en su retiro de Santa Cruz de la Serós, donde yo acudí con frecuencia durante la escritura de la biografía de María Rosario de Parada, su suegra. Puedo también dar testimonio acerca de la excelente relación de José Manuel con Ana, su mujer, fiel compañera para compartir un viaje vital en el que ambos se enriquecieron mutuamente. Porque en esto, en la virtud de estimular el crecimiento de quienes nos acompañan, reside la clave de una convivencia fructífera. Así, mientras José Manuel maduraba como arquitecto, Ana progresó paralelamente en su trayectoria profesional en el área sanitaria hasta jubilarse como médico genetista, sin abandonar por ello su particular afición por la encuadernación.
José Manuel se consideraba un hombre afortunado, felicidad a la que siempre aspiró con tenacidad. Ahora, sus cenizas reposarán en el apacible cementerio de Santa Cruz de la Serós, enclave de la naturaleza y de la historia de Aragón.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 29 de
septiembre de 2023.
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