Entre las conclusiones que se pueden extraer del reciente Congreso de la Asociación Aragonesa de Escritores, celebrado en Daroca, es preciso aludir en el tono más positivo al notorio auge literario experimentado en Aragón y que viene manteniéndose, quizá de forma inexplicable, año tras año. Pero tampoco conviene ignorar algunos graves problemas muy presentes en el horizonte, como el significativo declive del interés cultural del público, bien reflejado en la reducción notoria del espacio y tiempo dedicado a ese tipo de información en los diferentes medios generalistas de comunicación, así como en la disminución durante las últimas décadas del personal asignado a sus secciones de Cultura. Aunque suele culparse del desafuero a la clase política, nueva aristocracia, por olvidar muy pronto sus promesas electorales y rimbombantes titulares de promoción, deberíamos mirarnos también al espejo para dilucidar qué parte de yerro u omisión nos compete a cada uno, pues, al fin y al cabo, esos denostados políticos basan su proceder en el reflejo social que perciben. Lo mismo podría afirmarse de empresarios y gestores, cuyas decisiones no deben desviarse mucho de lo que mayoritariamente exigen oyentes, lectores y espectadores, pues de otra forma no tardarían en desaparecer.
También es muy preocupante el deterioro del lenguaje, sea en su ámbito oral o escrito, en el habla vulgar o en la más cuidada expresión por parte de profesionales y expertos. Ya no se lleva eso de hablar o escribir bien; muy por el contrario, está de moda la expresión soez y malsonante, pero aún es mucho peor la pobreza expresiva, la imprecisión, el error manifiesto, el descuido y los malentendidos... la nula preocupación por emitir mensajes inteligibles, sin fallos y que lleguen con claridad al receptor para que este pueda interpretarlos sin equívocos.
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