Antaño prevaleció en la enseñanza una distinción tópica entre ciencias y letras, junto a una todavía más manida asignación de las primeras a la masculinidad, en tanto que las chicas habían de resignarse a cultivar las humanidades, incluso agradecidas por la posibilidad de cursar estudios superiores. En aquella época, también los colegios se diferenciaban por género, mientras que hoy alumnos y alumnas comparten las mismas aulas e idéntico profesorado, tras desaparecer de la enseñanza la segregación en razón del sexo. Igualmente, se considera que ninguna profesión tiene género y, sin embargo, aún perdura la tendencia a la exclusión femenina en la mayor parte de las disciplinas “de ciencias”, matemáticas, tecnológicas e ingenierías, salvo medicina. Obviamente, no se trata de un impedimento dictado por carencias de aptitud u orientación vocacional; tampoco, en modo alguno, de unos criterios impuestos por docentes que alienten tal discriminación. Según Rosa Monge, reconocida biotecnóloga de la universidad de Zaragoza y fundadora de Beonchip, cierto nivel de prejuicios persiste todavía en el seno familiar, encaminando a las niñas, quizá de forma inconsciente, hacia titulaciones consideradas como más accesibles o adecuadas para la mujer.
Para remediar este déficit, 46 establecimientos zaragozanos han mostrado un año más en sus escaparates la vida y logros de destacadas mujeres vinculadas a la ciencia, divulgación reivindicativa y estimulante basada en referentes de proximidad como la propia Rosa. La iniciativa de Made in Zaragoza, en su propuesta Escaparates 11 F, incluye así mismo entre sus objetivos llamar la atención sobre la fuga de cerebros en busca de mayores oportunidades profesionales, supuestamente atribuidas con exclusividad a las grandes urbes aledañas. ¿Podemos permitirnos semejante pérdida de talento?
Publicado en El
Periódico de Aragón, el viernes 17 de
febrero de 2023.
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