viernes, 9 de septiembre de 2022

Diversión o aprendizaje

La escuela no es un parque de atracciones, afirma el filósofo y pedagogo Gregorio Luri, en un libro que ha obtenido un sorprendente éxito de ventas. Y, en efecto, a la escuela no se va a divertirse, sino a aprender, lo cual no implica que ambos principios sean necesariamente contrapuestos. De aquel ancestral proverbio, “la letra con sangre entra”, hemos saltado al desprecio manifiesto del esfuerzo y de la reflexión como vías esenciales del aprendizaje. Mas no parece mala idea la prevalencia de una instrucción basada más en la competencia que en el recurso a la memoria, aunque todos los extremos son malos, y para demostrarlo basta una ojeada a los sucesivos informes PISA, que advierten de una notable degradación de la enseñanza en nuestro país, al ritmo de los continuos vaivenes normativos, enmendándose los unos a los otros y dictados siempre obviando el imprescindible consenso. De hecho, resulta llamativo el lamento generalizado del claustro universitario, quejoso de que muchísimos estudiantes acceden a las facultades con una lamentable pobreza de comprensión lectora y de capacidad para exponer de forma precisa cualquier tema científico.

A la enseñanza superior solo debería llegar el estudiante capacitado y con verdadero afán de conocimiento, sin que la carencia de recursos económicos pueda nunca suponer un obstáculo. Pero pretender allanar el camino para que incluso los menos preparados obtengan su título solo conduce a la desvalorización del saber. La erudición nunca es mayoritaria; recientemente Ana Segura facilitaba unas cifras reveladoras sobre el descomunal número de libros publicados en Aragón, gran parte de escaso valor literario e incluso muy mal escritos. Ni por publicar un libro se hace del autor un buen escritor, ni por alcanzar el grado universitario dispondrá la sociedad de un buen profesional.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 9 de septiembre de 2022.

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