sábado, 12 de marzo de 2022

En clave femenina

 La lucha de la mujer por su equiparación de género ha puesto en evidencia siglos de oscurantismo, marginación y negación, en los que se pisoteaba el talento femenino e incluso se le vetaba el acceso a la formación intelectual. Una mujer no era tal si no se dedicaba exclusivamente a la crianza de sus hijos y a las tareas del hogar, pero aun como pilar fundamental de la vida familiar, ello no implicaba ningún derecho, sino solo una atribución de funciones por parte del cabeza de familia.


Sortear tan singular patrón machista y sustituirlo por una nueva concepción de la mujer fue la causa a la que se dedicaron eminentes precursoras, denostadas, acorraladas y finalmente ignoradas por una sociedad que solo a las pudientes y aristócratas permitía un mínimo nivel de independencia, y aun ellas hubieron de recurrir al pseudónimo para publicar un libro o al disfraz masculino para ingresar en las aulas universitarias. Emilia Pardo Bazán fue una de estas insignes pioneras, hija única de familia acomodada, culta y conocedora de varios idiomas, que encontró en los libros un mundo apasionante y aprendió a disfrutar de unas lecturas prohibidas para las féminas. Se formó así una escritora respetada y considerada en los círculos eruditos contemporáneos, incluso de tendencias tan opuestas como las representadas por Menéndez Pelayo y Giner de los Ríos, lo que no la salvó de la incomprensión y de una crítica feroz personalizada, incluso por parte de otras mujeres destacadas como Rosalía de Castro y Concepción Arenal.

Quien, para justificar su excepcionalidad, fuera calificada como “cerebro de hombre en cabeza de mujer” no lo tuvo fácil, como aún menos lo fue para muchas otras heroínas de las artes, de las letras y de las ciencias que, a fuerza de sacrificio y tesón, encendieron una luz de esperanza para las generaciones venideras.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 11 de marzo de 2022.

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