Ante semejante panorama, ¿cómo responde la Administración? Parece que no dispone de recursos suficientes, superada por los acontecimientos y menguada por la carencia de profesionales, a su vez desbordados por una demanda desmesurada en la que ya se contemplan dilatadas listas de espera. Psiquiatras y psicólogos clínicos son los especialistas idóneos en todo lo que afecta a la mente y al comportamiento, pero es obvio que su número no se puede incrementar de la noche a la mañana. Entretanto, un voluntariado generoso y altruista está al frente de la primera intervención, de carácter inmediato pero, así mismo, necesariamente provisional, como pueda serlo el Teléfono de la esperanza u otros servicios propios de consistorios y organizaciones asistenciales, que constituyen el único recurso a disposición de quienes no pueden costearse una sanidad privada.
Es aún pronto para establecer la magnitud real del problema, pero también es ya tarde para emprender el camino de la solución. Por desgracia, en esta pandemia, toda la sociedad va siempre por detrás, a remolque del virus; nunca nos anticipamos con medidas y conductas válidas y eficaces.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 2 de abril de 2021
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