viernes, 17 de abril de 2020

La voz.

Nuestro sistema sensorial nos permite conocer el mundo que nos rodea, si bien algunos sentidos como la visión y la audición son de especial relevancia a la hora de comunicarnos con otras personas. De la vista se ha hablado mucho, tanto que el oído ha permanecido relativamente en un segundo plano, inmerecida marginación que no tiene en cuenta su papel esencial en la conversación humana. Ahora, durante las interminables horas de reclusión entre las paredes de casa, llegamos a apreciar en su justo valor algunas cosas que antes pasaban desapercibidas en la rutina cotidiana. Tal es la importancia de la voz, un sonido que nos trasmite familiaridad, carácter, personalidad, estados de ánimo, proximidad; todo lo que, en suma, encierran esos intercambios de palabras que hacen del diálogo la base del entendimiento entre las personas.

Son voces amigas las que se interesan por nuestro bienestar, las que nos transmiten una intención de ayuda o nos trasladan una comunidad de sentimientos. Las que, con alegría, nos informan de buenas noticias; las que nos hacen ver el futuro con optimismo y, sobre todo, las que irradian y contagian ilusión por vivir.

¿Qué hacer entonces con quienes pierden la voz y con ella la capacidad para expresar sus sentimientos y emociones?, ¿qué pueden hacer quienes se ven atrapados en un monólogo ajeno sin respuesta plausible? En el Hospital de Cruces, en Barakaldo, se ha ensayado una aplicación que permite la emulación de la voz perdida por culpa de algunas dolencias como Ictus o ELA. Estos pacientes afectados de afonía pueden así recuperar cierta competencia operativa, tal vez mínima pero muy significativa, para comunicarse mediante la voz, su voz. Solo quienes la han perdido saben valorar de verdad hasta que punto la dicción era importante en su existencia.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 17 de abril de 2020.


No hay comentarios:

Publicar un comentario