viernes, 8 de noviembre de 2019

Cuestión de salud.

La enfermedad hace del ser humano una entidad vulnerable, algo a lo que conviene acostumbrarse, puesto que, tarde o temprano, nadie se libra de padecer una afección. Resulta lógico que las dolencias más frecuentes y con mayor número de personas afectadas, sean también las que retienen en mayor medida la atención terapéutica e investigadora, con más fundamento si cabe en cuanto que su gravedad y secuelas sean también de marcada relevancia. Cáncer, enfermedades coronarias, infartos e Ictus, suelen inocular una impronta de triste presencia en el imaginario colectivo, donde la utopía del bienestar y la salud continúan siendo un objetivo de especial prioridad.

Contamos con excelentes profesionales en el área de la sanidad, pero las carencias de camas disponibles en centros hospitalarios o las dilatadas listas de espera en cirugía y especialidades, e incluso en la atención primaria, son claros indicadores de que las cosas no marchan tan bien como debieran. Sin embargo, necesitamos un sistema de salud modélico, preparado para afrontar los requerimientos de una población cada día más envejecida. La medicina preventiva y la implantación de mejores hábitos higiénicos pueden rendir notables frutos, en tanto que los avances propiciados por la investigación apuntan también a un futuro halagüeño, que no siempre llegará a tiempo.

Es un dicho de general aceptación que todos deseamos no vivir más años, sino hacerlo con mejor calidad de vida. Además, con el envejecimiento, riqueza y amor pierden peso en relación con la salud, sobre todo cuando esta renquea, aunque son muy pocos quienes afirman estar deseando el final de sus días. Así que sería muy deseable evitar que nuestros mejores profesionales hayan de emigrar, además de conseguir un pronto retorno de los que antaño se vieron forzados a trabajar fuera de España.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 8 de noviembre de 20



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