sábado, 7 de febrero de 2015

Club de lectura

Las páginas, blancas, intactas, esperan pacientemente a que el autor las colme de vivencias, personajes y sentimientos que se harán realidad en la mente del lector. Para el escritor es este un tiempo de soledad en el que una duda inmensa preside su trabajo: ¿será capaz de transcribir y encerrar en un texto todo lo que bulle en su interior? Solo cuando el libro impreso por fin llega a las librerías, cuando desciende a la calle, es posible responder a esta pregunta.

Pero ni siquiera entonces es fácil conocer qué es exactamente lo que cada lector ha encontrado en la obra, hasta qué punto se ha alcanzado esa fascinante comunicación entre lo que el autor pretendía verter y lo que de ello se ha interpretado. Si existe un puente mágico que conecta ambos mundos, nada mejor que los encuentros propiciados por los clubes de lectura, donde tiene lugar un intercambio mutuo de ideas muy enriquecedor, en especial para los autores. Es lo que recientemente he experimentado en el Centro Cívico La Almozara, merced al club de lectura que dirigen Estela y José Luis, en torno a una charla coloquio sobre mi novela “El hijo del sol”; una vez más se produjo la deseada complicidad con los lectores y tuve ocasión de departir con unos interlocutores tan sagaces como amables y generosos, que en la sesión me transmitieron sus impresiones. El profuso caudal de matices y comentarios que surgió a lo largo de la tertulia supone para mí un vigoroso estímulo a la hora de tomar de nuevo la pluma.

En cuanto a los coordinadores del club, no puedo sino agradecer sinceramente la labor de unas personas que dedican su esfuerzo a la promoción de la lectura de forma tan desinteresada como poco reconocida y aún menos respaldada.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 6 de febrero de 2015

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