La dirección General de Tráfico se muestra muy sensible a la siniestralidad en la que están involucradas las personas mayores de 65 años, sea como peatones o como conductores de un vehículo, asumiendo que su edad determina una menor capacidad sensorial y reducción de facultades, tanto para evitar un accidente de circulación como por la mayor vulnerabilidad a sus implicaciones. Parece razonable la postura de la DGT, mas confiemos en que ello no resulte en un rosario de medidas restrictivas aplicadas de forma indiscriminada.
¿Y si analizamos un poco el concepto de movilidad? Sin duda, el universo de los mayores tiende a localizarse en escenarios paulatinamente más reducidos, donde la familiarización con el entorno incrementa su percepción de seguridad. Uno de sus últimos refugios son los parques y jardines próximos al domicilio, presuntamente libres de vehículos y elementos agresivos. No hay tal, por desgracia, ya que tan idílicos espacios son también el destino elegido por multitud de personajillos faltos del más elemental civismo, agentes de transformar el bucólico oasis en un paraje hostil, sembrado de excrementos y vidrios rotos, cruzado por artilugios rodados a gran velocidad y sobrevolado por el fuego cruzado de pelotas y balones, propio de un disputado encuentro de champions (los responsables de los precoces futbolistas, tan felices). No es fácil para una persona de facultades mermadas eludir la azarosa metralla, por lo que demasiadas veces se resigna a permanecer confinada en su residencia, restringiendo aún más su ya limitada movilidad, cotidianamente subyugada por la falta de empatía de quienes no piensan en que algún día, con un poco de suerte, ellos también se harán mayores.
Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 27 de septiembre de 2014
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