sábado, 29 de marzo de 2014

Adolfo Suárez, el mito

España llora con asombrosa unanimidad la pérdida de quien fuera el primer presidente de la democracia, cuya inmensa labor se desvalorizó en un océano de incomprensión y desafección por parte de quienes se contaban incluso entre sus más próximos colaboradores.

Tan solo el paso del tiempo y, sobre todo su muerte, han llegado a colocar de nuevo las cosas en su lugar para devolver la gloria al héroe destronado, aquel casi desconocido Ministro Secretario General del Movimiento que lideró una difícil transición, merced a su capacidad de diálogo y espíritu de concordia: Adolfo Suárez fue capaz de congregar a las más enfrentadas convicciones e ideologías. Nos ha costado mucho, demasiado, reconocer la valía de un hombre templado, sencillo, que escuchaba a todos y hubo de tomar decisiones trascendentales; que hizo del consenso su principal argumento. Solo la distancia nos ha llevado a apreciar el valor de una tarea tan ingente como incomprendida, porque todo terminó volviéndose contra él, víctima sobre todo de ambiciones mezquinas e individualismos cainitas, demasiado preocupados por intereses personales.

Hoy, hemos tornado a coronar de laurel al paladín de la transición. ¿Qué alimenta semejante estallido de emoción como el que hemos presenciado? Quizá la necesidad de un revulsivo regeneracionista de altas miras y basado de nuevo en el consenso. Pero lo malo de la mitificación es que se sitúa en lo inalcanzable, en la quimera utópica; en lo que ya no ha de volver, justo cuando más lo necesitamos. Sin embargo, la lección magistral de Adolfo Suárez, insigne protagonista de la transición, reside justamente en lo contrario. Sí; podemos. Porque Suárez demostró que es posible lo imposible.

Publicado en El Periódico de Aragón, el viernes 28 de marzo de 2014

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